Escribo en un día cualquiera, pues una llama transito

Tras tiempo de animosidad he vuelto a ver la oscuridad, un profundo vacío se ha alojado en mi pecho, no sé de dónde viene, pero me trastoca, me hunde.

La paranoia ha vuelto, la paranoia transitoria, aquella que sé que marchará para regresar. Siento que todos saben algo que yo no sé. Siento que confabulan, que me ocultan una dura verdad, siento que estoy loco y eso me gusta hasta que pienso que una red de picarescos seres lo saben y callan, aquellos que están próximos.

Escucho “Vois sur ton chemin” en bucle y en compañía de mi vacío, esta canción hace eco a la perfección ahí, no sé si entendéis de que hablo, quizás sea solo cosas de locos. Sentado a las puertas de la cafetería de la universidad, una guerra mata a la lejanía, y los tambores de guerra resuenan por el mundo, la gente duerme, ríe, llora. Y los tambores de guerra suenan. Y sin embargo entre tanto sufrimiento, entre el ruido estrepitoso de los tambores mi preocupación no es otra que la batería de mi portátil se apaga, y la batería de mi móvil se apaga, y mi alma se apaga… He de moverme, tengo que escribir, tengo que impedir que todo se apague, que el fuego que reside dentro del mí, iluminando el vacío que ha llegado no se extinga, tengo que vomitar entrañas, solo lo hago por salvarme.

Me he movido, y he salvado mí escribir, pero mí llama son brasas, y aquí me hallo medio muerto, todo se desquebraja, mi día plagado de paranoia sucumbió en un polvo, una mujer atractiva y serena, una mujer jodida con sus pesares, pero bastante tengo con los míos, no la quise escuchar demasiado, marché casi en cuanto acabé, igual de vacío, más mis huevos acordes.

Por desgracia he acabado todo mi tabaco de camino a casa, reconstruyo todo lo que tengo en mi mente, un amor desafortunado que se extingue de rasgos aztecas, una rareza la que poseo que eclipsa a quien logra ver más allá, una rareza la que poseo que desborda lo lógico y me ametralla, ahorros que se acaban, fantasmas, y unas brasas en mi interior que me mueven, como si de un tren de vapor se tratase.

Todo se va a mi alrededor, nadie se sienta conmigo a la orilla del acantilado a ver el abismo, quizás, solo los muertos. El tiempo purifica todo, el tiempo empodrece todo, el tiempo es lo inevitable y yo tan atemporal. Fluyo, solo fluyo, pero mi esencia se ha visto quebrada hace tiempo, mi esencia quema, mi esencia mata.




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